juego de pelota mesoamericano
(en náhuatl: tlachtli o ōllamalīztli) fue un deporte con connotaciones rituales, jugado desde 1400 a. C.1 por los pueblos precolombinos de Mesoamérica; se practicaba tanto en la vida cotidiana como en celebraciones religiosas. Durante los milenios de su existencia, el deporte ha conocido distintas versiones en diferentes lugares. Una versión moderna del juego, ulama, se sigue practicando todavía en algunos lugares de Guatemala y México. Aparentemente cumplía la función de resolver conflictos de diversa naturaleza: pleitos por tierras, tributo, controles comerciales y otros.
En la versión más difundida del juego, los jugadores golpeaban la pelota con las caderas, codos y rodillas del lado derecho del cuerpo. Otras versiones permitían el uso de los antebrazos, raquetas, bates, o la manopla(piedra de mano). La pelota estaba hecha de caucho y pesaba hasta 4 kg, aunque el tamaño de la pelota difería mucho en el tiempo o según la versión del juego.
El juego tenía importantes aspectos rituales y los principales partidos formales del juego de pelota eran eventos rituales, que podían incluir el sacrificio humano. El deporte se jugaba también de manera informal, para la recreación de los niños e incluso de las mujeres.4
Campos del juego de pelota fueron encontrados en toda Mesoamérica, hasta el sur de Nicaragua, y posiblemente tan al norte como el actual Arizona en los Estados Unidos.5 Estos campos de juego de pelota varían considerablemente en tamaño, pero todos tienen largas pistas estrechas con paredes laterales utilizadas para rebotar la bola.
Maiz mesoamericano
Mesoamérica fue siempre un territorio fértil favorecido por los temporales y por su agradable clima, situación que propició la aparición de la agricultura como forma de vida sedentaria en este territorio. Ningún cultivo tuvo tan estrecha relación con el desarrollo de la vida mesoamericana como el maíz, que se extendió desde Canadá hasta las pampas chilenas. El maíz y el arroz se empezó a cultivar en el valle de Tehuacán, en lo que hoy es Puebla, hace alrededor de siete1 u ocho mil años,2 sobre el 5000 a. C.
Cada terreno cultivable era otorgado a los naturales del barrio, pero podían rentarse con la condición que los arrendatarios fueran naturales de la misma localidad. La nobleza heredaba a sus hijos las tierras de su posesión y al extinguirse la línea pasaba a manos del tlatoani. Las tierras fueron:
- Teopantlalli, para la manutención de los sacerdotes.
- Tlatocatlalli, para los gastos del palacio.
- Tecpantlalli, para pagar a los criados del palacio.
- Tecuhtlatoque, de cuyo producto se pagaba a los jueces.
- Michmalli, para abastecer a las tropas en campaña.
- Yoatlalli, tierras ganadas en la lucha.
- Tlatocanlli, destinada a los nobles.
- Tlamilli, para la familia del macehual.
- Altepetalli, para la comunidad en general.
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